
Trabajar gratis es estupendo.
Porque “gratis” tiene un sonido especial. Lo escuchamos y se nos iluminan los ojos como si acabáramos de encontrar un billete de 50 euros en un pantalón viejo.
La experiencia se paga sola, el tiempo se repone por arte de magia, los test y sus correctores me los regalan, Hacienda acepta mis sonrisas, la compañía eléctrica cobra con un «Gracias por darme la luz, eres muy apañá” y Vodafone me da gratis internet porque soy la mejor.
Además, como el trabajo se hace “en un momento”, seguro que no cuenta ni cuesta.
El problema es que detrás de cualquier trabajo hay tiempo, experiencia, herramientas, formación, impuestos y, en muchos casos, una cantidad preocupante de café.
Da igual que para hacerlo en diez minutos hayas necesitado años de formación, cientos de horas de práctica y unas cuantas equivocaciones bastante caras.
Lo importante es que desde fuera todo parece fácil.
Es como entrar en un restaurante y decir:
—Solo quiero un plato. No te cuesta nada hacerlo. Además, te voy a recomendar a mis amigos.
Y el camarero, emocionado, paga el alquiler con la recomendación.
O ir al dermatólogo privado y decirle:
– Me parece muy caro lo que me estás cobrando, te ofrezco la mitad de lo que me pides.
Y el médico, ilusionado, te cobra solo el 20% de su consulta para que no le pongas verde por cobrar por su trabajo.
Hacer un favor está bien. Tener un detalle también, pero pedir trabajo gratis como si el tiempo, los conocimientos y los gastos no existieran tiene bastante mérito (casi tanto como pretender pagar una factura con un “te viene bien para darte a conocer”).
Para acabar, que algo parezca sencillo no significa que no cueste hacerlo. Muchas veces parece sencillo precisamente porque quien lo hace lleva años aprendiendo.
Compartir un consejo, hacer un pequeño favor o tener un detalle está genial. Pero cuando alguien dedica su tiempo, conocimientos y recursos a solucionar un problema, eso ya no es “un momentito”: es trabajo.
Y el trabajo se agradece, se valora y, sí… normalmente se paga.
Porque con los “muchas gracias” y «eres un encanto» todavía no pago la luz.


Ole,ole y ole…. super bien!!!!