

¿Quién dice que el trabajo de atención al público o de trato directo con la gente es aburrido?
Son innumerables las anécdotas que día tras día nos ocurren y como ya ha hecho alguien por ahí (sobre Guardias Civiles, profesores o médicos), pueden hacerse cientos de libros con todas ellas.
Cuando crees haberlo visto todo, alguien siempre te sorprenderá.
Aun recuerdo con una gran sonrisa cuando un compañero me contó que alguien le llamó por teléfono y le preguntó acerca de los cursos para ser funerario. Él extrañado le dijo que no daban ese tipo de formación, a lo cual, el que llamaba le respondió muy convencido que lo había visto en una publicidad de un autobús y que decía “¿Quieres se funerario?”, a lo que amablemente mi compañero le respondió que lo que decía el anuncio era “¿Quieres ser funcionario?”
Esto puede ser un despiste o simplemente que al ir en un autobús lo vería de pasada, pero hay otros que tienen difícil explicación, como aquél que le increpó al profesor por algo que decía y que era erróneo, ya que en el libro ponía que “un hecho podía ocurrir semestralmente” y el profesor explicaba que “el hecho ocurría cada seis meses”, o el que decía que tenía problemas para rellenar una solicitud, ya que no sabía qué poner en el casillero “NOMBRE”.
Despiste o no, ignorancia o no, torpeza o no… cuando uno lleva tantos años en este mundillo de la enseñanza y en trato directo con gente te das cuenta que como dicen en Málaga “hay gente pa’ tó”.
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